Leyendo las notas de Waismann sobre las conversaciones que
él, Schlick y Wittgenstein sostuvieron entre 1928 y 1934 (Wittgenstein und der
Wiener Kreis) se encuentra uno cosas interesantes. Cito y comento en este post una de las que más me gustaron:
La religión
¿Es esencial el habla para la religión? Me puedo imaginar
bien una religión en que no existan dogmas y en la que, por tanto, no se hable.
El ser de la religión puede no tener nada que ver con que se hable; o mejor: si
se habla es que se trata de un componente de la acción religiosa y no de
teorías, independientemente de si las palabras son verdaderas, falsas o
carentes de sentido.
Las hablas de la
religión no son símiles, pues si lo fueran se podrían decir en prosa. ¿Es
correr contra las barreras del lenguaje? El lenguaje no es una jaula.
Sólo puedo decir que no me burlo de esa tendencia de los
hombres; antes bien que me quito el sombrero. Aquí es esencial que no se trate
de una descripción de la sociología, sino que hable de mí propio.
Los hechos no tienen importancia para mí, pero me interesa
saber qué entienden los hombres al decir que "el mundo está ahí".
Waissman pregunta a Wittgenstein: ¿Está en conexión el
estar-ahí del mundo con lo ético?
Wittgenstein: Que existe conexión lo han percibido los
hombres y lo han expresado de esta manera: Dios Padre hizo el mundo, Dios Hijo
(o la Palabra, lo que sale de Dios) es lo ético. Que se divida la divinidad
para luego volverla a unir significa que existe aquí una conexión.
WWK IV - Miércoles, 17 de diciembre (Neuwaldegg)
Me parece que podemos distinguir cuando menos tres tesis
acerca de la religión en esta conversación.
Primero, que hablar -en el sentido de articular oraciones informativas acerca de algún aspecto del mundo- no es parte esencial de la religión; es prescindible. Cuando se llega a utilizar el lenguaje no es con un afán informativo, descriptivo ni explicativo, sino que es como cuando cantamos las "mañanitas" alrededor de un pastel en un cumpleaños - sería absurdo preguntarse si aquellas son realmente las mañanitas que cantaba el Rey David y pensar que de no ser así nuestro canto resulta "falso". Es un asunto ritual, no uno informativo.
Primero, que hablar -en el sentido de articular oraciones informativas acerca de algún aspecto del mundo- no es parte esencial de la religión; es prescindible. Cuando se llega a utilizar el lenguaje no es con un afán informativo, descriptivo ni explicativo, sino que es como cuando cantamos las "mañanitas" alrededor de un pastel en un cumpleaños - sería absurdo preguntarse si aquellas son realmente las mañanitas que cantaba el Rey David y pensar que de no ser así nuestro canto resulta "falso". Es un asunto ritual, no uno informativo.
Segundo, que tampoco puede aclararse lo que el discurso
religioso (una parábola, por ejemplo) "realmente quiere decir". Un
símil se entiende como una comparación esclarecedora que puede abandonarse en
cualquier momento por aquello de lo que es símil. Por ejemplo, puedo hacer un
símil entre el mundo de las apariencias y el mundo "real" hablando de
una caverna donde viven unos hombres que ven sombras que se proyectan en las
paredes, tomando las sombras por lo real ignorando que los objetos que
proyectan las sombras están pasando tras ellos. Pero también puedo hablar de
objetos reales y objetos de la experiencia, datos de los sentidos, y hacer a un
lado el símil. Si no puedo hacerlo es que no había ahí un símil. Pero en el
lenguaje religioso queda claro que el discurso no es literal, así que si
tampoco son símiles, entonces el lenguaje está funcionando ahí de una manera
distinta a los lenguajes científico y alegórico.
Tercero, que para Wittgenstein no era en absoluto absurdo
profesar una religión ni hablar al respecto. Quizás lo absurdo serían ciertas
pretensiones y exigencias de algunas personas. Yo no sé, por ejemplo, por qué
es tan importante para el cristianismo poseer algunas verdades acerca del mundo
cuando lo interesante del cristianismo no tiene que ver con su capacidad
informativa, la cual claramente se ve rebasada por la ciencia (con
lo cual, dicho sea de paso, la religión no pierde nada, como no pierde nada un cuento
por hablar de hechos que nunca ocurrieron). Parece que este reclamo es un
asunto práctico y no genuinamente teológico, como si temiesen perder adeptos al
tener que renunciar a tener verdades (como si no hubieran perdido ya
bastantes). Aquí parecería haber una valoración errada de la verdad o un uso anómalo del concepto. Russell estaría del otro lado, exigiendo a las religiones
lo que algunos religiosos (por necios) han asegurado: que tienen verdades
acerca del mundo (en el sentido Wittgensteiniano, saben de ciertas
proposiciones que figuran ciertos estados de cosas si son verdaderas o falsas).
Siempre he tenido la impresión de que el debate entre
ciencia y religión es un debate entre personas y egos, no entre teorías
rivales. No hay una oposición real: algunos reclaman que la religión debería
explicar los fenómenos del mundo y otros reclaman que la ciencia debería ser la
única guía para actuar racionalmente. En ningún caso se cumplen las
expectativas: ni la religión tiene las herramientas que sí tiene la ciencia
para dar cuenta de los hechos del mundo, ni la ciencia tiene cómo dar respuesta
a las preguntas que salen del mundo de los hechos (el mundo de lo que es) y
entran en el ámbito de lo moral (el mundo de lo que debe ser). Las vacas no vuelan y a nadie se le ocurriría decir que en ese sentido las vacas son un fracaso, el único fracaso sería pensar de esa manera.
Esta manera Wittgensteiniana de concebir la religión yo la veo como una manera de permitir que ciencia y religión convivan conceptualmente en paz, tanto entre distintos individuos como en una misma cabeza.
Esta manera Wittgensteiniana de concebir la religión yo la veo como una manera de permitir que ciencia y religión convivan conceptualmente en paz, tanto entre distintos individuos como en una misma cabeza.