viernes, 28 de marzo de 2014

Problemas por todos lados

Para hacer filosofía es necesario un discurso.

No hay más que hacer, sea mental, hablado o escrito, el discurso filosófico es la filosofía.

No un cuerpo de conocimientos, como dicen, sino la actividad.

Pero hay un montón de proposiciones que descartan posibles respuestas a problemas filosóficos, que aclaran distinciones importantes. ¿No es esto conocimiento filosófico?

Descartar una posible respuesta a un problema filosófico es mostrar que va en contra de nuestras intuiciones. 
Que vaya en contra es un hecho y nombrar el hecho es sólo hacerlo explícito.

Resolver un problema filosófico es distinto a resolver otro tipo de problemas.

Un problema en física puede ser calcular tal valor dados tales y tales valores en un sistema tal. Este es un sentido trivial o escolar de la palabra problema.


En otro sentido, un problema en física puede ser explicar el fenómeno de la luz. ¿Es un problema de la física o de los hombres?, ¿cuándo decimos que la física tiene un problema y cuándo decimos que es el hombre contingente quien tiene un problema? ¿cabe plantear la distinción?

Sobre el argumentar

¿Cuándo se argumenta?, ¿para qué necesita uno argumentar?

p, q, r, por lo tanto s.

¿Cuándo necesitamos presentar premisas y conclusión y para qué lo necesitamos?

Cuando uno dice “aquella banca está desocupada”, si una persona quisiera saber si lo que uno está diciendo es cierto o no, tendría que ver si la banca está desocupada o no. Si estuviera desocupada, sería cierto, si no lo estuviera, sería falso.

Si yo le dijera a alguien “tengo una piedra en esta mano” y le mostrara mi mano cerrada, si tal persona quisiera saber si lo que digo es cierto o no, no me pediría argumentos para averiguarlo, y si acaso yo me pusiera a argumentar para concluir con corrección lógica y usando premisas decentes (nada extravagante como decir “los leones vuelan” para poder concluir lógicamente cualquier cosa) que “tengo una piedra en esta mano”, seguramente esa otra persona me vería con un aire de extrañeza y me diría algo así como “argumenta lo que quieras, pero no estoy convencido de que la tengas, mejor abre tu mano y enséñame”.

¿Enseñar qué?, enseñar si tengo o no una piedra en mi mano. Pensamos que podamos mostrar el valor de verdad de una proposición como “tengo una piedra en la mano” y nos parece extraño argumentar para determinar el valor de verdad de ello.

¿Para qué tipo de proposiciones, entonces, argumentamos?

“Para aquellas que no son evidentes”.

Pero si yo digo “tengo una piedra en la mano” y tengo la mano cerrada, ¿es, acaso, evidente el valor de verdad de esa proposición? Aún si no tuviera la mano cerrada, ¿no tendrías que buscar mi mano para averiguar si es cierto lo que digo? No es evidente y sin embargo no argumentamos para ello.

Pensemos en una situación en la que normalmente se argumenta.

Cuando hablamos de política. “¿Cuál candidato tiene las mejores propuestas?”

Si alguien respondiera de entrada: “Juan tiene las mejores propuestas”, ¿qué haríamos?

No le pediríamos simplemente que nos mostrara las propuestas de todos en un papel y que nos señalara las de Juan para después nosotros juzgar simplemente “ah, cierto, son las mejores”, o “estabas equivocado, claramente no son las mejores” y terminar la discusión; no haríamos esto como si nos preguntáramos cuál es la línea más grande de entre cuatro líneas en un papel y simplemente las viéramos (y si acaso fuera necesario las midiéramos para compararlas con precisión) para decir “ah, cierto, aquella es la más grande”, o “estabas equivocado, aquella no es la más grande”.

Lo que haríamos, más bien, sería leer las propuestas y preguntarle a Juan por qué dice que son las mejores.

Y entonces empezaría a argumentar. Ofrecería premisas como “el país necesita tal y tal, Juan ofrece hacer tal y tal para solucionarlo, hacer tal y tal efectivamente lo solucionaría, por lo tanto esa es una buena propuesta” y así con todas o la mayoría de las propuestas, y además tendría que hacer lo mismo para concluir que las propuestas de los demás son malas. ¿Por qué en un caso se señala algo y en otro se empieza a hablar? ¿Por qué necesita hacer eso el simpatizante de Juan?, ¿por qué su proposición no se muestra simplemente en una primera investigación como en el caso de las líneas? En el caso de las líneas y de la piedra todo podría hacerse incluso sin hablar.

Al ofrecer argumentos, el simpatizante de Juan ofrece premisas, premisas que seguramente contendrán suposiciones sobre hechos del mundo como “en el país pasa tal y tal, pero esto evita que el país funcione de tal y tal forma, como Juan ofrece hacer tal y tal para que deje de pasar tal y tal, el país empezaría a funcionar de tal y tal forma, por lo tanto su propuesta es buena”. Otra manera de ponerlo sería “si queremos que el país funcione de tal y tal forma, se puede hacer tal y tal cosa, y como Juan propone hacer justo eso, la propuesta de Juan es adecuada para lo que queremos”. Como no nos convencimos al ver las propuestas de los candidatos sobre la verdad o la falsedad de la proposición del simpatizante de Juan, a saber, “Juan tiene las mejores propuestas”, lo que hace el simpatizante de Juan es hablar sobre lo que está entendiendo por “una buena propuesta”, a saber, “la que es adecuada para lo que queremos”. Nos está ofreciendo un criterio de identificación para “una buena propuesta”, un criterio menos vago tan sólo en el sentido de que tan sólo tenemos que averiguar qué queremos, cómo se obtiene y si x propuesta corresponde al cómo se obtiene; en contraste, decir: “una buena propuesta”, incita inmediatamente a la pregunta “¿buena para qué?” y entonces recurriríamos a cosas como “la que es adecuada para lo que queremos”, o “la que es adecuada para resolver tal y tal problema en el país”. Daríamos una descripción definida.

¿Por qué tiene que hacer esto?, ¿por qué cuando decimos “ese cartel es verde” no tomamos la actitud que tomamos con “ese candidato ofrece las mejores propuestas”?, ¿por qué no tenemos que aclarar con palabras lo que entendemos por alguna de las partes de la proposición? ¿es porque el ser bueno o mejor implica alguna oscuridad siempre?

Si le decimos a alguien “aquel candidato tiene buenas propuestas” y él nos dice “no es cierto, tiene malas propuestas”, no escribiríamos simplemente las propuestas y se las mostraríamos, pues ya ambos las conocemos, más bien argumentaríamos.

Si le decimos a un daltónico, “ese cartel es verde” tal vez él nos diría “no es cierto, es gris”, ¿nos pondríamos a argumentar? ¿Seguiríamos insistiendo en que es verde? Seguramente no, seguramente hablaríamos sobre su daltonismo.

Si le dijéramos a alguien con vista normal “ese auto es azul” y él nos dijera “eso es falso, ese auto es rojo”, pensaríamos que no vemos el mismo auto, que no entendemos lo mismo por “azul” o por “rojo” o por “auto” o por “ese” o por “es” o por la oración completa, que nos está jugando una broma o que de hecho sí tiene algún problema en la vista, pero no argumentaríamos para defender que “ese auto es azul”.

Ni siquiera cabe hablar de “defender” a favor de “ese auto es azul”, tan sólo se muestra el auto y si alguien no está de acuerdo, pensamos alguna de las opciones anteriores.

En cualquiera de las posibilidades anteriores, hay las siguientes posibilidades: que haya un problema contingente como que no haya señalado bien el carro y que por lo tanto no estamos viendo el mismo auto, que hay un problema en el uso de ciertos términos, o un mero hecho social, o un hecho fisiológico. En cualquier caso, no argumentamos. Aunque, claro está, hablamos para entender qué es lo que está pasando.

El primer caso se solucionaría señalando con más precisión, el segundo señalando muchas cosas rojas y azules y autos para ponernos de acuerdo sobre cómo usamos los términos y trataríamos con oraciones parecidas para ver si entendemos el lenguaje de la misma forma, el tercero aclarando que es una broma y el cuarto con una investigación médica. En ningún caso sería propia la argumentación para resolver el problema.

Pero puedo pensar en un caso en el que uso el mismo término problemático “ser bueno” en donde no tendría que hablar. Digamos que Pedro y yo queremos ir a una fiesta en Coyoacán, pero no hemos decidido cómo llegar, él me habla de una ruta para llegar al lugar y me dice que es una buena ruta, y yo le digo “conozco una ruta que es mejor”, así que tenemos dos rutas y queremos decidir cuál es la mejor. Lo que hago, en lugar de tomarme la molestia de hablar, es abrir google maps y trazar las dos rutas; una vez que se ve claramente que mi ruta es más directa y su ruta da muchas vueltas, no hay más que decir y Pedro me da la razón.

Pedro podría decir: “en esa ruta hay más tráfico que en la mía, y tomaría más tiempo”, y si yo le creyera tendría que decir “bueno, entonces la tuya es mejor”. El criterio es el menor tiempo posible.

Pero incluso Pedro podría no decir nada, podríamos simplemente irnos en dos autos separados y cada quien tomar una ruta y el primero que llegara sería quien estuviera en lo correcto con respecto a la ruta más rápida, no habría que argumentar.

¿Decimos aquí que el término “ser bueno” o “ser mejor” es más claro y consensuado cuando hablamos de rutas para llegar a un lugar que cuando hablamos de propuestas políticas?, ¿es eso lo que hace necesaria la argumentación en el caso de la política?, ¿por qué?

Al momento de ver las propuestas en el papel no sabemos bien cómo juzgar la idea de Juan, pero al ver que Pedro llega primero que yo, nadie tendría duda sobre las rutas.

Y si alguien tuviera duda y no entendiera el experimento entre Pedro y yo, se lo explicaríamos, pero no argumentaríamos.

Si alguien nos dijera “eso no muestra que Pedro tuviera razón sobre la mejor ruta”, empezaríamos a argumentar. ¿Por qué?

En el caso del simpatizante de Juan, lo que no nos queda claro es lo que entiende por “bueno” y nos ofrece un criterio de identificación del cual sólo cuestionamos si acaso también nosotros lo relacionaríamos con “bueno”, cuando nos quede claro tal vez después necesitemos aclarar lo que entiende por “problema en un país”, y así sucesivamente, y en cada uno de estos puntos podríamos estar en desacuerdo, pero al final podrían suceder dos cosas: 1) tendríamos que llegar a proposiciones sobre las cuáles tendríamos que poder hacer señalamientos, aclaraciones o investigaciones como las que hicimos para el problema de “ese cartel es rojo” para ponernos de acuerdo, o 2) nos quedaríamos en un desacuerdo sobre la relación entre ciertas expresiones como “bueno” o “problema en un país” con las descripciones definidas propuestas y en ese caso, si no se pudiera avanzar, parecería que simplemente hablamos dos lenguajes distintos porque no usamos las mismas palabras públicas para identificar las mismas cosas.

Cuando argumentas, lo que ofreces son las condiciones de verdad de una proposición. Haces explícita la caracterización de un término cuyo uso no está bien delimitado y requiere aclaración, dices “si aceptas que p, q, r, s, entonces aceptas z (en este lenguaje)”. Lo que interesa aquí es z, la conclusión. Nos interesa argumentar para llegar a conclusiones, nos interesa decir que hay premisas aceptables que llevan a cierta conclusión de la cual nuestro interlocutor dudaba; las reglas de la lógica apoyadas de buenas premisas nos convencen.

Parece que hay palabras que refieren a distintas cosas en distintos contextos por lo que es importante aclarar las condiciones de verdad que se están suponiendo en tal o cual contexto.

Argumentar es explicitar las reglas de un lenguaje para acordar un consenso. Es decir: si aceptas que “bueno” significa esto (ofreces premisas), aceptas que el mejor candidato es tal (se sigue la conclusión, que es bueno). Pero argumentar también es señalar o mostrar algo, es utilizar ciertas reglas del lenguaje para escribir y preguntar, “¿estás de acuerdo?”

Pensemos en las matemáticas.

En las matemáticas siempre argumentamos. ¿Qué significa mostrar en matemáticas?, significa escribir o mencionar una serie de afirmaciones en el lenguaje matemático que respeten las reglas del lenguaje y la última de las afirmaciones será lo que se esté mostrando.

Si no se ha mencionado o no se ha escrito en un papel, no se ha demostrado. A veces se muestra que algo se puede mostrar y así ya no tenemos que demostrar todas las sumas de la aritmética.

Mostrar en matemáticas es mostrar el lenguaje matemático, es como abrir la mano y mostrar que hay o no hay una piedra.

No hay una demostración matemática hasta que no se ha escrito o dicho.

¿Qué podemos saber con el lenguaje, sino más sobre el lenguaje?

¿Sobre qué podríamos averiguar tan sólo argumentando?, sobre el lenguaje.

¿Cuándo argumenta un científico? Si un científico tiene una tabla de datos, es una abreviatura del tener que ir al mundo y repetir sus experimentos, y sobre eso no se argumenta, sólo tendríamos que estar presentes al realizar los experimentos y ver que efectivamente los datos son correctos. Cuando el científico afirma que, por ejemplo, estos dos cuerpos caen con la misma aceleración cuando están a la misma distancia del suelo, yo sólo tengo que estar presente al momento de ver caer esos dos cuerpos y medir la velocidad de caída y deducir lo que llamamos aceleración para estar de acuerdo y averiguar si lo que dice es cierto. Hasta ahora el científico no tendría que argumentar. Pero si me dice que los cuerpos caen porque dios está al centro de la tierra y todo objeto siempre quiere acercarse a dios, yo le pediré una explicación, ¿por qué dice que dios está al centro de la tierra?, si no puede señalarlo le preguntaré que entiende por dios y si no puede señalar nada le pediré que me explique qué significa que eso (dios) esté al centro de la tierra si no podemos verlo, que me dé otras señales.

Lo que quiero ilustrar son los casos en los que argumentamos.

¿Por qué Darwin escribió un libro y no simplemente mostró o apuntó a la evolución y nos dijo dónde encontrarla?, sea cual sea la respuesta, ¿por qué la aceptamos (la evolución)?
Darwin nos dice, si aceptas que tal y tal, puedes explicar un montón de cosas perfectamente, y además tal y tal es muy difícil de negar, porque te pide suponer muy poco.

La teoría explica cosas, pero la enuncia con palabras, no apunta a ella en el mundo, tiene que hablarla.
Si nosotros viéramos lo que Darwin vio, ¿generaríamos la misma teoría? Seguramente no sería suficiente ver lo mismo, pero seguramente podríamos haber pensado en lo mismo. ¿Cuándo es que uno acepta una teoría como la de Darwin?, ¿hacen falta argumentos?

En mi caso, aprendí sobre la teoría de Darwin en 5° de preparatoria en mi clase de biología, hubo un experimento que recuerdo particularmente: mi maestro puso muchos cuadros blancos y negros de papel de 3cm x 3 cm sobre una cartulina grande, habían tantos cuadros negros como blancos y la mitad de la cartulina era negra y la otra mitad era blanca; pidió a varios compañeros que se pusieran frente a la cartulina y que a la señal tomaran tantos cuadros como pudieran de uno sólo de los dos lados de la cartulina en 2 segundos. El resultado fue que, cuando tomaron cuadros del lado negro, “sobrevivían” los cuadros negros y viceversa.

Pero uno podría simplemente pensar en las polillas blancas y negras, antes del siglo XIX había más polillas blancas y los árboles donde se posaban eran más blancos, después de la revolución industrial se redujo la población de polillas negras y los árboles donde se posaban empezaron a oscurecerse por el hollín de las fábricas. Ahora bien, ¿esto muestra que hay evolución por selección natural? Si uno viera incluso el fenómeno de las aves encontrando fácilmente polillas negras sobre árboles blancos y después encontrando fácilmente polillas blancas sobre árboles oscuros, ¿estaría uno viendo la evolución o se necesitaría un argumento para aceptar la evolución?

Naturalmente uno nunca diría que ve cómo surgieron todas las especies del planeta a lo largo del tiempo, uno puede entender el caso de las polillas y suponer que sucedió algo análogo para cada ser vivo del planeta.

Me parece que uno podría llegar a una teoría parecida a la de Darwin sin necesidad de argumentación, tal vez tan sólo sería necesario ser guiado a través de ciertas preguntas u observar fenómenos muy específicos como los que puede notar uno viajando por las islas Galápagos.

Darwin tan sólo tendría que decirnos lo que vio y lo que supone, no tendría que hacer más que explicarnos la historia psicológica de su suposición y nosotros esperaríamos sentirnos tentados a sostener la misma suposición por su poder explicativo, etc. ¿Pero sería necesario para el científico argumentar estrictamente?

Quiero decir, yo puedo contarle a alguien que no conoce la teoría de Darwin sobre el fenómeno de las polillas y luego decirle “a lo mejor así sucedió para cada ser vivo del planeta, piénsalo, uno podría explicar muchísimo sobre los seres vivos suponiendo que así funciona” y tal vez podría dar ejemplos convincentes.

¿Pero estaría argumentando? Me parece que no.

16062012

Hay algo extraño en las investigaciones filosóficas.

Intentamos averiguar qué es tal o cual cosa; el lenguaje, el conocimiento, la ciencia, una teoría, una explicación, una definición, una regla, etc.

Tomemos, por ejemplo, las constantes lógicas.

¿Qué son las constantes lógicas?

Son tal y tal y tal.

Pero tengo un contrajemplo; tal y tal y tal no es una buena definición, porque permite clasificar como constantes lógicas a cosas como los paréntesis, siendo que normalmente no diríamos que los paréntesis son constantes lógicas.

Bueno, pero aún cuando normalmente no los llamamos así, ¿por qué no empezamos a hacerlo? For the sake of la definición.

Pues porque intuitivamente sabemos que eso no es una constante lógica. Así que abandonamos la intuición o abandonamos la propuesta de que las constantes lógicas son tal y tal y tal.

Mi punto es que si uno sabe por qué algo es un contra-ejemplo para una definición, ¿por qué molestarse con dar una definición? Saber que algo es un contra-ejemplo de una definición es saber por qué el hecho de que tal cosa cumpla con tal definición no es aceptable. Bueno, si ya pudiste dar un contra-ejemplo, ya sabes qué tipo de cosa no es aceptable que entre en la definición, y si ese contra-ejemplo se basa en defender una intuición básica que no estás dispuesto a abandonar, ¿para qué, entonces, requieres aclarar o poner en palabras lo que es, en este caso, una constante lógica si de todos modos no hay que responder a nada más que a intuiciones básicas?

¿Cómo es que hacemos estas investigaciones sentados en nuestros escritorios?

¿No es perfectamente normal pensar que intentar designar el conjunto de cosas que designa alguna palabra-concepto con otras palabras sea sumamente complicado?

¿Por qué creemos que necesitamos una definición para entender lo que es cualquier cosa?

No sé definir con exactitud todas las palabras que uso, pero sé usarlas.

No sé definir qué es una constante lógica, pero tengo una guía porque estoy empezando a definir y si tengo cómo empezar a definir sé lo que quiero definir, si sé lo que quiero definir, ¿para qué lo defino?


¿Hay avance al intentar definir? Tal vez.