Lo que promete el ensayo
El concepto de "confianza" resuelve muchas cuestiones en torno a nuestra manera de pensar las relaciones interpersonales, en particular arroja luz sobre lo que es posible y realista esperar de otra persona y de uno mismo para crear una buena relación, ofrece un criterio de valor para las relaciones (bueno o malo) y explica por qué algunas relaciones no funcionan y terminan.
Este concepto permite atacar lo que llamaré la "falacia de la relatividad en las relaciones" que consiste en pensar que el problema de las relaciones consiste en hallar una feliz compatibilidad entre las personas que pretenden tener una relación. En contra de ello me apoyaré en la teoría de que son las acciones generadores de confianza las que posibilitan una relación exitosa o la destruyen, independientemente de la personalidad, el carácter y las circunstancias que rodean a las personas involucradas, y que estas variables sólo en casos extremos imposibilitan las acciones generadoras de confianza. La meta es mostrar que este concepto permite delimitar el ámbito de lo universalmente exigible para las personas en las relaciones independientemente de sus particularidades, privilegia lo objetivo de las relaciones por encima de lo subjetivo y por eso permite guiarse mejor en las relaciones en general, independientemente de la subjetividad de las personas, pero no sin explicar en qué consiste la relevancia de lo subjetivo para las relaciones. Rescata, pues, la idea de que prácticamente cualquier persona es capaz de formar una relación sin que sus particularidades sean un impedimento para ello, identificando claramente cuáles particularidades son las más peligrosas para una relación por facilitar acciones que disminuyen la confianza entre las partes involucradas.
Resulta interesante que sea un concepto con tanto poder explicativo dado que la confianza sólo se considera importante como un síntoma de que una relación es buena o mala: suele pensarse que si una relación es buena, entonces se generará confianza entre las partes y que, si una relación es mala, entonces no se generará confianza. Es más común, por ejemplo, pensar que la comunicación es básica para el buen funcionamiento de las relaciones. Esto tiene algo de cierto pero requiere una reformulación. Quiero defender que la confianza no es un mero síntoma o resultado de las buenas relaciones, sino que también es una condición de posibilidad para las buenas relaciones y que las malas relaciones son malas justamente porque no apoyan o perjudican directamente la posibilidad de generar confianza.
La base empírica para este ensayo se encuentra principalmente en los estudios de John Gottman, Ph. D., que pueden encontrarse en su libro "What Makes Love Last?" y en los ensayos de Edward C. Tomlinson y Roy J. Lewicki sobre la confianza que pueden encontrarse en la siguiente página web: <http://www.beyondintractability.org/essay/trust-overview>. Sin embargo, el interés de este ensayo no consiste en evaluar la validez epistémica de estas investigaciones, sino en mostrar las virtudes explicativas del concepto, su eficiencia pragmática al toparnos con preguntas éticas y/o prácticas sobre cómo debemos actuar en las relaciones interpersonales y en mostrar cómo las tesis más fuertes de otras teorías sobre el amor y las relaciones interpersonales pueden explicarse mucho más sencillamente en términos de confianza y teoría de las decisiones. En este sentido, este ensayo es ético-filosófico.
No quiero defender que la confianza sea la base fundamental de las relaciones, al menos no en el sentido de que sea lo único y lo primero que debe aparecer en una relación para que sea exitosa, parece que no hay un solo elemento que sea fundamental en las relaciones, sino que interactúan entre sí una gran variedad de elementos distintos (comunicación, confianza, atracción, empatía, etc.). Pero sí puede decirse que es su eje central; es decir, lo bueno y lo malo de la relación gira en torno a ella, recae en y se debe a la confianza: el mal funcionamiento de una relación lo que afecta es justamente la posibilidad de confiar y lo que hace que una relación sea fuerte y duradera es la confianza. Pero no es fundamental en el sentido de que no precede al comienzo de una relación, sino que se genera conforme las partes toman continuamente cierto tipo de decisiones, la relación bien puede comenzar por atracción física, por conveniencia financiera, por hábito, etc. Otra razón para no considerarla fundamental es que una relación donde no hay suficiente confianza sí puede cambiar y empezar a generar confianza.
Pero aún sin ser fundamental, el concepto de confianza tiene importantes ventajas teóricas: permite una medida clara de lo bueno y lo malo de una relación: lo malo es aquello que afecta la confianza, lo bueno es aquello que la acrecienta. Otra gran ventaja de este concepto es que puede formularse en términos de matrices y decisiones, lo cual permite hablar de mucha o poca confianza sin que los términos "mucho" o "poco" sean una mera metáfora de la cuantificación; son cuantificables al expresarse en términos de teoría de juegos (con matrices y decisiones). No hay que recurrir a conceptos oscuros como mucho o poco amor, mucho o poco cariño, etc. Además, hay mucha claridad tanto sobre lo que contribuye a la confianza como sobre lo que la disminuye. A defender todas estas tesis se dedicará el presente ensayo.
Primero, plantearé los problemas y las cadenas de razonamiento que nos hacen cuestionarnos qué tanto podemos pedir y esperar razonablemente de los demás y de nosotros mismos para mejorar nuestras relaciones y después intentaré mostrar cómo la formulación del concepto de confianza en términos de teoría de las decisiones apunta con mucha precisión hacia la respuesta. Finalmente, trataré de mostrar por qué explicar el éxito y fracaso de una relación en términos de confianza es mejor que utilizar otros términos y teorías que gozan de mayor popularidad.
Expectativas en las relaciones
¿Puedo pedirle a mi novia que sea más apegada? ¿Puedo pedirle que no conteste tan rápido los mensajes que le mando o, al revés, que los conteste inmediatamente? ¿Es razonable tratar de emocionarse con menor intensidad por alguien para no abrumarlo?
Muchas veces son justamente esas cosas las que uno quisiera cuando nos generan algún tipo de tensión. Pero cuando nos preguntamos si es razonable pedir algo así nos damos cuenta de que no lo es. A veces esto nos lleva a pensar que nuestras demandas son injustas e infantiles o que simplemente no hay compatibilidad con la otra persona. No me interesa defender aquí que estas conclusiones sean falsas, bien puede ser cierto que hay parejas más compatibles que otras en muchos ámbitos y que tales demandas y expectativas pueden estar fuera de lugar por no ser realistas, pero el peligro es pensar que estas son razones para terminar la relación. Lo que me interesa más bien es trazar el camino argumentativo que conllevan estos razonamientos y que en última instancia nos llevan a conclusiones dudosas sobre cómo debemos comportarnos en las relaciones.
Suele decirse que una solución a estos problemas consiste simplemente en pedirle a la otra persona lo que uno quisiera, ¿pero cómo y por qué hacerlo, si nosotros mismos juzgamos que es una demanda injusta, infantil e irracional? Además, ¿qué criterio de racionalidad, madurez y justicia estamos usando? También puede trabajarse entonces sobre los juicios que tiene uno sobre estas acciones para que no nos generen tensión y entonces estar más cómodos con nuestras peticiones, pero en muchos casos esto no resulta o sólo elimina un síntoma de algo que no está funcionando en la relación en lugar de resolver el problema de fondo. De nuevo, aún si esta estrategia fuera funcional, puede llevar a una conclusión equivocada que me parece mucho más importante y dañina: que si no se arreglan esos asuntos, no puede generarse una buena relación.
Otro paso común cuando se nota lo inadecuado de la demanda sería analizar de dónde viene esa necesidad y atacar más bien su origen. Si uno va con un psicoterapeuta, dirá que el origen se encuentra en algún evento de la infancia no superado, si uno van con un terpaeuta cognitivo-conductual tratará de dar con las creencias y conductas que generan estas sensaciones para después cambiarlas. Esos cambios, así enfrentados, pueden tomar mucho tiempo, y entonces llega de nuevo la conclusión equivocada: que la construcción de la relación debe suspenderse porque esas expectativas deben arreglarse para que la relación pueda funcionar. Se piensa que esto está justificado porque las inquietudes generadas por estos problemas psicológicos pueden desembocar en intentos agresivos por acabar con la situación: actitudes controladoras, manipuladoras o simplemente ansiedad exacerbada.
Presiono el punto. Puede ser cierto todo esto, que las expectativas sean irracionales, que sean problemáticos nuestros juicios y reacciones ante ellas, que puedan cambiarse negociando asertivamente con la pareja. Pero la desventaja de estas aproximaciones es que su conclusión choca con una intuición muy razonable sobre nosotros mismos y sobre los demás, a saber, que somos seres humanos imperfectos y que no deberíamos necesitar ser perfectos para estar en una relación. Este principio lo llamaré "Principio de caridad del desarrollo". En las conferencias de Eva Pierrakos "Del miedo al amor" se intenta mostrar cómo sostener este principio es fundamental para crear y mantener una relación y aquí lo expondré brevemente.
Lo llamo principio de caridad del desarrollo porque consiste justamente en considerar que todos los seres humanos estamos cortos en habilidades de todo tipo: comunicativas, emocionales, intelectuales, etc. y que esas habilidades se desarrollan a lo largo de toda la vida. Cualquier noción realista de las relaciones interpersonales debería considerar estas imperfecciones para prescribir cómo debemos actuar para tener buenas relaciones. Una teoría, por ejemplo, que diga que es indispensable amar incondicional y desinteresadamente a los demás es humanamente inaccesible, así que no sirve como guía para ayudarnos a tomar acciones que nos brinden mejores relaciones. Lo mismo vale para una teoría que exija que no tengamos distorsiones cognitivas.
Mapas éticos
Las teorías cognitivo-conductuales o las psicoanalíticas no conllevan por sí mismas la conclusión de que un individuo debe abstenerse de tener una relación hasta que se deshaga por completo de estas "fallas" en su persona, pero dejan el camino libre hacia ella a quien piense sus relaciones con ayuda de dichas teorías, en sus respectivos términos. Para evitar esto hay que mostrar el error argumentativo y además centrar nuestra manera de pensar las relaciones en otros términos que muestren claramente que el camino argumentativo hacia tal conclusión es falaz y que ofrezcan una mejor guía para forjar relaciones.
Es por eso que la pretensión de dar preeminencia al concepto de confianza no es meramente científica, sino ética y conceptual. No se trata de mostrar cuál es la teoría verdadera sobre las relaciones, sino de cuál ofrece un mapa más adecuado para guiarnos en ellas. Es tan poco razonable utilizar un mapa del desagüe de una ciudad para visitar sus monumentos históricos, como utilizar dichas teorías psicológicas del comportamiento humano para guiarnos en las relaciones. Antes de estas teorías ya era posible generar buenas relaciones, quizás en alguna medida porque los conceptos que se utilizaban brindaban una imagen más clara sobre lo que se debía o no hacer para construirlas. Y es cierto que quizá haya manera de utilizar un mapa de la instalación eléctrica de una ciudad para visitar sus restaurantes famosos, pero no sería la aproximación más eficiente.
La alegoría del mapa explica bien la pretensión de este ensayo: podemos tener mapas del desagüe, de monumentos históricos, de instalaciones eléctricas, de transporte público, de calles, de negocios, etc. en una ciudad, y todos pueden ser verdaderos en el sentido de que describen correctamente distintos aspectos de la realidad, pero unos son más útiles que otros para guiarse de acuerdo con distintos fines. De igual manera, no propongo que las teorías psicológicas sean falsas, sino que ofrecen un mapa inadecuado para guiar nuestras decisiones cuando estamos en una relación y que hay mejores mapas disponibles.
En resumen, la principal razón por la que considero a estas teorías inadecuadas como mapas éticos es que sugieren que en el camino hacia una buena relación se debe pasar por un taller donde se nos verifique y perfeccione psicológicamente para poder continuar y que sólo podemos tener relaciones con personas que también hayan pasado exitosamente por este taller. Me parece que esta idea sirve como un pretexto falaz para terminar una relación y en ese sentido ha entorpecido el desarrollo de infinidad de individuos y relaciones.
Rasgos de la personalidad y el concepto de "relación tóxica" (segunda parte del ensayo)