Quiero mencionar algunas curiosidades sobre el concepto de "problema". La semilla de estas reflexiones, hasta donde puedo recordar, se remite principalmente a dos eventos en mi vida: el primero fue una discusión que tuve con una persona que hacía muchas preguntas para molestar, el segundo fue una conferencia de Philip Kitcher sobre la corriente filosófica denominada "pragmatismo". Ellos tienen la culpa de todo esto.
La discusión con esta persona se me quedó grabada porque su método para molestar era muy similar al del escéptico (es decir, pedir justificaciones a cada respuesta de su interlocutor ad infinitum), con la diferencia de que más que pedir justificaciones pedía definiciones de cada nuevo término en la discusión. Es decir, parecía más bien socrático. Claro que esa persona no lo sabía, pero eso hacía, aplicaba un método socrático para molestar. El resultado fue que, a diferencia de los diálogos socráticos donde siempre se terminaba preguntando por la naturaleza del conocimiento, de la virtud o del bien, en nuestra peculiar discusión siempre se terminaba preguntando qué es un problema y qué es una solución, y de ahí no salíamos, porque yo respondía siempre que un problema es algo que tiene solución y que una solución es lo que resuelve un problema.
Años después, atendí a una conferencia de Philip Kitcher en el IIF de la UNAM sobre el pragmatismo y en esa conferencia señaló que la posibilidad de mostrar que el pragmatismo sí rescata nuestras intuiciones sobre la objetividad del conocimiento descansaría en última instancia en la objetividad de los problemas, es decir, en la posibilidad de mostrar que se puede definir una situación como un problema sin necesidad de aludir a una meta subjetiva de uno o varios individuos. Esto me parece equivocado ahora, pero la verdad es que no recuerdo bien su argumento completo.
En una definición de diccionario podemos decir que un problema es una situación que obstaculiza o evita la realización de alguna meta u objetivo. El elemento de la "meta u objetivo" es el que introduce la subjetividad en la noción de problema. Es decir, en principio ninguna situación sería un problema si no hubieran sujetos estableciendo metas. Claro, además se necesitan obstáculos, pero si ni siquiera hubieran metas, menos aún obstáculos.
Esta concepción es clara en la vida cotidiana. Es un problema no encontrar las llaves del coche si quiero irme a trabajar en coche, es problemático no tener gas si quiero calentar algo en la estufa, etc. Pero hay otros problemas, los problemas matemáticos, por ejemplo, los problemas de la ciencia, los problemas filosóficos. ¿Lo son sólo porque hay gente tratando de llegar a metas matemáticas, científicas y filosóficas?
Me parece que el pirronismo y Wittgenstein, por ejemplo, están contentos con la idea de que en filosofía hay problemas filosóficos justo en ese sentido: hay una meta y obstáculos hacia ella. Comparten la idea de que la solución de estos problema no siempre consiste en quitar o superar los obstáculos, sino en ya no buscar las metas planteadas en un principio, por lo que a veces se prefiere hablar de la "disolución" de un problema para distinguir entre dos aproximaciones a la resolución de problemas: la clásica es quitar o superar el obstáculo y la otra es dejar de intentar llegar a la meta; después de todo se necesita tanto una meta como un obstáculo para que haya un problema. Quizá de ahí el disgusto de muchos filósofos con estas corrientes filosóficas, pues en una lectura superficial parecen trivializar la importancia de los problemas filosóficos. Claro que ninguna de estas propuestas pretende decir que si uno simplemente se distrae de la filosofía ya hizo desaparecer todos los problemas filosóficos, la idea es más bien mostrar racionalmente, con argumentos, que las metas planteadas son inalcanzables y que, por lo tanto, buscar su solución tratando de eliminar o superar el obstáculo es buscar algo inexistente. Es absurdo, pues. Pero en otros ámbitos esto es bastante razonable y familiar: los psicólogos y los budistas nos recomiendan dejar de tratar de cambiar los aspectos de los demás que no nos gustan y que no podemos controlar. Poniendo ejemplos más bien raros, si uno tiene el problema de que un amigo está muy viejo y se planteara la meta de cambiar ese aspecto de su amigo, mejor sería olvidarse de esa meta. De igual forma, si uno quiere dejar de estar sujeto a las leyes de la física y se convierte en un problema porque se empecina uno en el asunto sería uno un necio y un idiota porque lo mejor sería olvidarse de esa meta.
Como mencioné, en la discusión con esa persona molesta lo más que atiné a decir fue que un problema es algo que tiene solución. Entonces me di cuenta de que con una concepción así se puede entender que para Wittgenstein los problemas filosóficos sean pseudo-problemas, porque él pensaba que es imposible eliminar el obstáculo que nos evita llegar a la meta de las preguntas filosóficas, no tienen solución y por lo tanto no calificarían siquiera como problemas. Sería como querer encontrar un número impar mayor que cero divisible entre dos. No es un problema porque no tiene solución, claro que si uno no sabe nada de números puede pasar mucho tiempo tratando de encontrar la solución, su problema real sería entonces que cree tener un problema e intenta resolverlo, y no se da cuenta de que su meta es inalcanzable.
¿Qué es un problema matemático? ¿Por qué es un problema? ¿Cuál es la meta y cuáles los obstáculos? ¿Dependen siempre del matemático y sus metas? Uno querría decir que en los asuntos de conocimiento el problema es que no lo sabemos todo, nuestro conocimiento es corto e incompleto, es decir, queremos saber cosas y nuestro obstáculo es cómo llegar al conocimiento. A veces es fácil, pero muchas veces no lo es por gran variedad de motivos que varían de caso a caso. Es decir, bajo esta concepción, las matemáticas no tienen problemas, sino que somos nosotros los que tenemos problemas al plantearnos preguntas matemáticas.
En filosofía me parece que sucede algo curioso desde hace ya varias décadas, cuando menos en el ámbito de la filosofía analítica, que es el que conozco medianamente. Se habla constantemente de problemas filosóficos sin mayor reserva, pero me parece que no se hace suficiente énfasis en el hecho de que son PROBLEMAS. Es decir, una meta y uno o varios obstáculos hacia ella. Habría que tener claro cuál es la meta y cuáles los obstáculos en cada meta. Una visión panorámica del asunto a veces refresca estos asuntos, creo que por eso me gusta la aproximación de Wittgenstein a la filosofía, porque constantemente retrocede y toma una visión panorámica de los asuntos filosóficos como problemas.
Me parece problemático (¡!) justamente porque eliminar problemas es una tarea que puede abordarse de maneras abrumadoramente variadas y muchas de ellas se dejan de lado cuando no se hace énfasis en el hecho de que queremos resolver un problema. Una de esas maneras de enfrentar problemas, como ya dije, es mostrar que la meta es inalcanzable. Esa opción suele dejarse de lado porque se piensa que es una manera rápida pero falaz de acabar con el problema que revela una falta de compromiso con la verdad. Pero si se toma en serio el hecho de que son problemas, que los enfrentamos en función de nuestras propias metas cognitivas, entonces se deben abordar como tales y se deben considerar todas las posibles maneras de acabar con ellos, incluso considerando la posibilidad de que ni siquiera sean problemas con una posible solución.
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